En su propuesta original, el presidente Biden habló de un incremento del impuesto a las corporaciones que pasaba del actual 21% a un 28%. La fuerte baja en sus pretensiones, incluso por debajo de la actual tasa, se explica en que dicho impuesto ya no se calcularía más sobre el resultado fiscal de las empresas sino en el contable.

Hoy muchas empresas que cotizan en bolsa poseen enormes ganancias al año pero cuando presentan sus balances fiscales, sobre las que se liquidan los impuestos, pareciera que estuvieran al borde de la quiebra. Con esta medida, si bien el impuesto baja, se cree que los ingresos fiscales serán ampliamente superiores a los actuales.

Con esta decisión Biden pretende, por un lado, conseguir el apoyo de los Republicanos en el Congreso a su plan de infraestructura, hoy en plenas negociaciones, y por el otro alinearse al reciente anuncio del G7 de crear un Impuesto Global del 15% a las multinacionales. Las causas de esta decisión del G7 coinciden con el discurso de Biden. El objetivo es evitar que las grandes compañías multinacionales, en especial las tecnológicas, que brindan servicios en todo el mundo, se radiquen en países con beneficios fiscales y de esta forma no tributen lo que debieran si lo hicieran en los países donde los ofrecen.

Asoma en el horizonte una nueva política fiscal internacional, con una globalización de la obligación.

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